Discapacidad durante el Coronavirus
Ancianos paseando en pandemia

Alejandro de Ainas

Director de Ainas. Terapeuta ocupacional de vocación. Especialista en salud y seguridad en la tercera edad.

En el último año, nuestras vidas han cambiado drásticamente. La epidemia de coronavirus ha producido grandes cambios en nuestro día a día. Hemos modificado la forma de relacionarnos, adquirido nuevas rutinas de limpieza e incluso nuestra forma de trabajar se ha visto alterada.Todos estos cambios no suponen un gran esfuerzo si los comparamos con los que han sufrido las personas dependientes, concretamente los ancianos.Por esta razón, vamos a abordar el cambio que han sufrido las personas con discapacidad durante el Coronavirus, tanto a nivel de salud como a nivel de autosuficiencia.

Las población mayor de 65 años ha sido la más afectada por la crisis sanitaria de la COVID-19, estimándose que el 70% de los fallecidos por esta enfermedad han sido personas dentro de este rango de edad. No obstante, los fallecimientos no han sido el único problema para esta población, ya que nos encontramos con un gran número de personas que han padecido deterioros derivados de la enfermedad. Estas alteraciones les han provocado una situación de discapacidad o un deterioro en sus funciones no sólo por contraer el virus, sino por el gran número de restricciones sanitarias.

Señor dependiente con mascarilla

Es bien sabido que la COVID-19 afecta principalmente al sistema respiratorio. El coronavirus provoca una insuficiencia respiratoria afectando a nuestra capacidad aeróbica y dificultando nuestra resistencia al movimiento. Esa es precisamente la gran complicación que puede sufrir nuestro organismo a nivel físico, ya que una dificultad para el movimiento implica una disminución de nuestra independencia, necesitando apoyo tanto para los desplazamientos como para la realización de las actividades de la vida diaria.

Es evidente que el coronavirus puede afectarnos directamente, pero también puede afectarnos indirectamente. Como podemos comprobar, las medidas de seguridad sanitaria están provocando un deterioro en las personas dependientes o en riesgo de dependencia. Medidas como el confinamiento o la restricción de la movilidad están haciendo que la estimulación física y cognitiva, algo que normalmente tenemos cuando estamos en contacto con nuestra comunidad, haya disminuido considerablemente. Esto supone un impacto para todas las poblaciones, sin embargo, el impacto en las personas en situación de dependencia llega a ser mucho más dañina. Todo esto se debe a que la inmovilidad conlleva una reducción de la masa muscular y la inactividad de nuestra mente conlleva un deterioro cognitivo, en ambos casos produciendo o empeorando la situación de discapacidad.

Las posibles complicaciones son escalofriantes, pero ¿cómo podemos prevenirlo?.
Mientras continúen las restricciones de movilidad, vamos a tener que adaptarnos y buscar soluciones. Para garantizar una estimulación física correcta podemos establecer una rutina de paseos por la casa, levantar pesos ligeros (como botellas de agua o bolsas de harina) o seguir una rutina de gerontogimnasia en casa. En cambio, para estimular nuestra mente, es recomendable leer libros, realizar crucigramas y sudokus o escribir. En definitiva, promover un envejecimiento activo dentro de nuestras posibilidades en el hogar, algo que ya recomendamos en una publicación anterior.

En el caso de que hayas contraído el virus y ya hayas sufrido algún deterioro físico o cognitivo, la mejor solución es comenzar una rehabilitación cuanto antes para así minimizar las secuelas y evitar que el estado adquirido de discapacidad durante el Coronavirus perdure en el tiempo.

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